Más allá de los visores y los códigos QR, el verdadero éxito de una campaña se mide en asombro y conexiones genuinas.
Hay un momento exacto en el que todo cambia, ese instante en el que una persona se pone un visor de Realidad Virtual o apunta la cámara de su celular hacia un producto y de pronto, el entorno se transforma por completo, y la primera reacción es siempre la misma.
Los ojos se abren, se dibuja una sonrisa enorme y, casi instintivamente, las manos intentan tocar algo que solo existe en el mundo digital.
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